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Cristo Resucitado

Cristo Resucitado

Imaginería

Autoría originalRafael Martín Hernández
Fecha de ejecución2026
TécnicaTalla en madera policromada al óleo.
ElementosEscultura y peana. Aún no está claro si podrá lucir la túnica y las potencias.
Medidas (cm)92 x 203 x 86
PropiedadColección particular
Descripción

Esta representación de Cristo Resucitado propone una reflexión sobre la unidad, la plenitud y la reconciliación de la creación en Dios. Desde una concepción próxima a la mereología —la relación entre las partes y el todo—, cada elemento de la imagen adquiere su pleno significado en relación con el conjunto: anatomía, expresión, movimiento, gesto y policromía participan de una misma unidad formal y espiritual.
La figura insinúa un movimiento de avance, como si Cristo caminara al encuentro del espectador. No se presenta, por tanto, como una imagen estática del triunfo, sino como una presencia que se aproxima y establece una relación. Este movimiento encuentra continuidad en la disposición de los brazos: su mano derecha se eleva y, mediante el dedo índice, dirige la mirada hacia el cielo, señalando no solo la trascendencia, sino el Principio y la Unidad, el fundamento en el que todas las cosas encuentran su cohesión: In ipso omnia constant, «en Él todo permanece unido» (Col 1,17). Su mano izquierda, abierta hacia el espectador y hacia la creación, acoge, ofrece e invita. Entre ambas se establece un doble movimiento: la derecha señala el origen y fundamento de cuanto existe; la izquierda se abre hacia lo creado y lo convoca a la comunión con Él.
El rostro participa de esa misma concepción. La mirada serena, la suave inclinación de la cabeza y la sutil sonrisa esbozada en los labios rehúyen cualquier expresión enfática de triunfo. La Resurrección se manifiesta como un gozo contenido y profundo, como la serenidad de quien ha alcanzado la plenitud. La expresión no reside en un rasgo aislado, sino en la relación armónica entre todos ellos, haciendo visible una interioridad plenamente reconciliada.
La policromía naturalista, construida mediante capas sutiles y transparentes, evita la opacidad para permitir que el modelado permanezca perceptible bajo la piel. Veladuras y matices cálidos y fríos recorren la anatomía sin ocultar la forma, sino acompañándola y revelándola. Esta transparencia confiere profundidad a la encarnadura y una particular sensación de materia viva. La propia cualidad translúcida de la policromía adquiere así una dimensión simbólica: la materia no es negada por la Resurrección, sino transformada y transfigurada. Forma y color dejan de comportarse como realidades superpuestas para participar de una misma unidad.
Las inscripciones dispuestas sobre la peana prolongan mediante la palabra el significado de los gestos y ofrecen claves para orientar la contemplación de la obra.
El Resucitado plantea así la Resurrección como restauración de la unidad: entre cuerpo y espíritu, humanidad y divinidad, individuo y creación. Cristo señala el fundamento, extiende la mano hacia lo creado y avanza a su encuentro, estableciendo un itinerario que conduce desde la diversidad hacia la comunión. La serena sonrisa anticipa la plenitud de ese encuentro, expresada por san Pablo al hablar de la consumación final: Ut sit Deus omnia in omnibus, «para que Dios sea todo en todos» (1 Cor 15,28).

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